-¡Chicos! ¡Aquí está!
La pista era una piedra muy parecida a la que había entrado volando por la ventana de clase. En uno de sus laditos ponía:
Si el genio que llevo dentro quieres ver,
acariciarme tres veces deberás hacer.
Eiden, que ya estaba impaciente por ver qué pasaría, cogió la piedra y la acarició una, dos y tres veces.
De repente, toda la cocina empezó a dar vueltas. Tantas, que tuvimos que cerrar los ojos por el mareo que sentimos. Cuando los abrimos, ya no estábamos en la cocina.
-¿Pero se puede saber dónde estamos? - dijo Megan.
- Creo que es la clase de mi hermano. Esa de ahí es su mochila -contestó Francisco señalando una de las perchas.
-¿Y qué hacemos aquí? ¡Tenemos que encontrar el tesoro! - gritó Sultan.
- Paciencia. Para tener el tesoro, primero tendréis que derrotarme. - Se escuchó decir a una voz grave y terrorífica que venía del fondo de la clase.
Todos nos miramos asustados.
Esa voz debía de ser de un gigante, o peor, de un dragón que seguro que escupía fuego.
Nos giramos lentamente para ver a qué nos tendríamos que enfrentar...

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