jueves, 7 de mayo de 2020

El bailarín.

Una enorme carcajada se escuchó por toda la clase. 

-¡Pero si eres un insecto minúsculo! - dijo Ander.

El monstruo que nos habíamos imaginado, era en realidad una especie de mosquito con alas de mariposa. ¿Cómo podía tener una voz tan terrorífica un animal tan pequeño?

De repente, Amelania se quitó la zapatilla y corrió hacia el insecto. Rahaf, que estaba a su lado, la pudo coger del brazo diciéndole:

-¡¿Pero qué haces?!

-¿Qué voy a hacer? ¡ Pues matarlo! Como nos pique vamos a salir de aquí llenos de ronchas rojas. 

- ¡No lo puedes matar! - dijo Racim M.- Si lo haces, adiós al tesoro, a Ángela y a todo.

Menos mal que Amelania hizo caso...que cuando tiene una idea... no la frena nadie.

-Vale señor mosquito. ¿Qué se supone que tenemos que hacer para ganarle y podernos ir con la pista? - habló Ayoub.

- Tendréis que ganarme a un juego en el que soy todo un profesional. Nadie ha podido ganarme hasta ahora... En realidad soy campeón olímpico y mundial de la liga de la Macarena.  A eso jugaremos. - explicó el insecto.

-¿La Macarena? ¿Pero eso no es una canción? - preguntó Rubí.

- ¡¿Una canción?! - gritó el animal - ¡ Es muchísimo más que eso¡ Es un baile, una canción, una maravilla conocida por todo el mundo, un descubrimiento, una forma de vida, un símbolo de nuestra tierra, un...

-Si, si... Ya hemos entendido que te gusta mucho.- dijo Kamil interrumpiendo al bailarín - Entonces... ¿tenemos que bailar la Macarena para que nos des la pista?

-Bailarla perfectamente. Sin ningún fallo. Y lo más importante... hacerlo mejor que yo.


El mosquito no sabía lo que estaba diciendo. Lo teníamos chupado. En clase, los días especiales, de lluvia o que teníamos premio por portarnos genial, nuestra maestra nos ponía en la pantalla gigante el juego JustDance . Y, además, una de las coreografías que más nos gustaban era la canción de la Macarena. 
Todos nos miramos sonriendo... Íbamos a mover el esqueleto como nosotros sabíamos hacerlo. 

La música empezó a sonar y delante nuestra apareció una pantalla como de cine, en la que una figura realizaba los movimientos que nosotros teníamos que seguir. 

Un brazo delante, el otro, cruce, cabeza, cintura, culete y.... ¡salto!

El mosquito no podía creérselo. Qué nivelazo tenían esos niños y niñas. Lo hacían a la vez, siempre bien, al ritmo, sin fallos y encima, con una sonrisa en la cara...

Esto no va  a quedar así, pensó el insecto...




                                                                                                                      CONTINUARÁ...



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